3/23/2011

Editorial de la conciencia


Nací en un país bipolar que se maneja como si no lo fuera, somos producto de un tiempo que ya fué, un invento de la temprana globalización de los imperios que aún existían, una definición de territorio que algún tiempo habitamos.

Todos alguna vez nos fuimos, regresamos cuando pudimos y aún estamos de alguna forma, es el estigma del que nació en el territorio apretado entre Argentina y Brasil.

Y no fué un error de imprenta cuando digo que todos nos fuimos, nos apartamos de la cultura, de la educación, de los valores que alguna vez sentimos orgullo, la diferencia entre los que nos fuimos fisicamente y los que se fueron sin irse, es que se puede volver solamente cuando te vas, si por el contrario te apartastes sin irte el regreso no lo es tal, no se puede volver a un lugar que no existe.

Tiempo prestado es lo que tenemos, nos acostumbramos a las circunstancias si tan siquiera considerarlas, no tenemos voz ni voto, somos parte de un conjunto y nos dejamos llevar por los colores y no por los valores.

La cualidad de la vida es libre, es intangible hasta que alguien la descubre y te la limita. En estos tiempos ha sido tan fácil secuenciarla, cambiarla. La equivalencia entre nosotros es justamente y valga la redundancia, el equilibrio entre vos y yo.

Nadie debe de decirme la verdad con conformismo, la propiedad en mantenerse tal cual es: válida y certera es solamente cuando no quitamos ni agregamos, la historia es una aunque paradojicamente su significado sea dual, una historia puede ser un invento, un cuento o la narración inmaculada, esta en nosotros defenderla a raja tabla. La verdad es lo único que nos mantiene, que nos sustenta y sin ella la bipolaridad de nuestra existencia puede transformarse en locura cuando no podamos distinguir los sentidos.

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