4/16/2007

Mi experimento personal


Ayer domingo tuvimos la visita de un amigo que sigue viviendo en la USA, pero piensa volver, tal como lo hicimos nosotros.
En la reunión estaba Susana, que ya hace un tiempo la tenemos de vecina, y también es una amiga que conocimos en el país del norte.

Susana es esposa de Luis, Daniel el amigo que les contaba, es hijo de Antonio y Beatriz, nuestra amistad data desde la formación de un club de uruguayos en Fort Lauderdale.

Coincidimos eso sí, en volver, la cosa se remonta a una reunión a la que concurrimos en un restaurante argentino, casualmente, es allí que concordamos en retornar.
Notamos que a pesar de ser amigos y de la misma nacionalidad la realidad de cada uno era distinta.

Aparentemente los que estabamos más lejos de regresar eramos nosotros, sin embargo fuimos los primeros, los pioneros en muchos sentidos.

Mi Sylvia y yo somos una entidad muy particular, cuando emigramos nunca nos cuestionamos si ibamos a regresar, desde un primer momento tratamos de integrarnos a un idioma y cultura distintos. Se puede decir que lo logramos, con la exepción de haber participado en un club de compatriotas, nuestras costumbres diarias eran las mismas que el americano común.

Hablabamos el idioma, frequentabamos tiendas y lugares de encuentro que en nada tenían que ver con la uruguayez, pero sí con el país en que viviamos.
En los ´80 y comienzos de los ´90 el internet no existía, el télefono internacional era caro, los diarios uruguayos eran dificil en conseguir, en fin estabamos casi aislados de la realidad uruguaya e inmersos en la norteamericana.

Ahora que volvimos, estamos viviendo en una ciudad que tiene doble personalidad, como ya lo dije en otra oportunidad, es una en verano y otra el resto del año, la realidad del país no se vive plenamente en ella, y como un contraste-comparación en nuestros primeros años en la USA, no
vemos mucha televisión nacional, no estamos frecuentando los lugares comunes de encuentro, y yo particularmente el único contacto que tengo con lo cotidiano es a través de mi trabajo que me lleva a estar encerrado todo el día entre cuatro paredes.

Esta realidad virtual, este experimento involuntario en el que se han transformado nuestras vidas, nos está impidiendo ver claramente donde estamos viviendo.

La ausencia de un "gancho" más allá del emocional es un gran vacio que no nos permite reencontrar nuestras raices, pero indudablemente no soy yo quién está descubriendo la polvora, quiero creer que mis amigos sienten lo mismo.
Aunque como dije antes,Sylvia y yo somos los pioneros de este experimento y como tales seremos los que echemos el primer vistazo.
El resultado será de acuerdo a nuestro compromiso con lo que dijimos aquella noche en el restaurante, cada uno de nosotros sabe lo que dijo sin ser forzados por nadie o por el vino.

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