12/13/2006

A propósito de las fiestas...




Era por allá, por el 2004, aún en la USA, un día de diciembre muy cerca de Navidad; estaba trabajando en una tienda donde se puede encontrar desde pequeños tornillos hasta enormes televisores, desde celulares a papel fotografico.


En la mañana temprano, cuando aún no llegan muchos clientes, se acercó un niño de no más de 10 años, disculpe señor, le molestaría que mire en la tienda si encuentro algo para mi padre?


El pedido del pequeño me tomó por sorpresa por su total fineza y comportamiento, cosa poco común en una sociedad llena de groserías.


El niño buscó y no encontró nada, gracias señor, que tenga buen día, a ese punto me era imposible dejar de hablar con este jovencito de extrema educación. Qué andás buscando? te puedo ayudar a encontrar algo? Gracias, pero es que no me alcanza el dinero para lo que yo quiero llevar. Sabe mi padre trabaja mucho para que a mi no me falte nada y quiero regalarle algo que le pueda ayudar en su bienestar.


Pah! casi me caigo de espaldas, el chiquito no dejaba de sorprenderme, a ver como te llamás?


dejame ver? que es lo que viste?cuanto te falta?


Mi nuevo amigo habia elegido un masajeador, de esos que se ponen en la nuca para aliviar la tensión muscular y le faltaba 8 dollares para llegar al total.


Mirá no te preocupés yo pongo el resto. Ver la sonrisa del niño fué un espectaculo aparte, ese pequeño hecho me alumbró el resto del día; hasta que casi al final de mi turno entra un señor


molesto. Quiero devolver esto! dijo en un tono de voz muy rudo, Mike se habia acercado a ayudarlo y yo me arrimé en caso de que tuviesemos un problema en puerta.


Con muda sorpresa comprobé que la devolución era lo que mi pequeño amigo le habia comprado con tanto orgullo.


Disculpe señor, pero fuí yo personalemente quién ayudo a su hijo con la compra, existe algún problema? Sí, me dijo en un tono sombrio e impersonal, esta porquería no sirve para nada y demando que se me devuelva MI dinero. Le conté lo que el niño había dicho de su persona, ni se inmutó, recogió el dinero y se marchó.


Nunca entendí como un niño tan dulce podría tener un padre tan cruel.


Ni me molesté en decirle que el dinero no había alcanzado y que yo puse el resto, para qué si


esos 8 dollares me habían comprado uno de mis mejores momentos navideños.

1 comentario:

Luz dijo...

Me encantó tu historia...¿sabés? Es curioso lo que te pasó. Yo siempre trabajé con chicos y te digo que cuando conocés a los papás te das cuenta de por qué los pibes son lo que son (para bien o para mal)
Hay una sólo explicación lógica posible para la conducta de ese jovencito...salió a la mamá...jejej
besos!
Luz