12/06/2006

Jump!,how high?,sir...(recuerdos traspapelados)


Habiamos llegado al país hacía unas horas y monedas, si bien ya nos habiamos deslumbrado en el aeropuerto de Miami, el de Atlanta era diferente, más nuevo, más grande, si hasta se respiraba ese aire que sólo se da dentro de los autos 0 kilometro.
Donde está el gordo Milton? Nos habremos equivocado de salida? Nos miramos con Sylvia intensamente, no necesitabamos hablar, para qué? los ojos trataban de anticipar que pasaría si nadie nos recogía.
Llamá de nuevo, de repente se durmió, llamá me decía sin hablar.
Al ratito nos dimos cuenta de que tendríamos que recoger las valijas, ya que el trámite de entrada lo habiamos hecho en Miami y en el preciso momento que puse mis manos sobre la segunda maleta, vimos a nuestro amigo, a la distancia.
Cansinamente llegaba casi dos horas más tarde.
Qué pasó "man"? Lo quise abrazar, me extendió la mano. Me presenta a Roberto, su acompañante y compañero de pieza ,rumei, me dijo, más tarde me enteré que quiso decir roomate.
Tomamos un tren interno, recorrimos una cinta deslizadora , llegamos al estacionamiento, nos subimos a un BMW, el mismo modelo que tenía Rogelio el dueño de la empresa que solía trabajar, y en su momento me parecía un lujo inalcanzable.
20,30 minutos en la autopista, asombro por la limpieza, los carteles, los autos y llegamos a la ciudad de Atlanta,majestuosa,pulcra.
Lógicamente uno se imagina EEUU de acuerdo a las imagenes que llegan por el cine y la tevé,Atlanta nos toma de sorpresa, no era lo que esperabamos, se veía mejor...
La gran mayoría de las casas eran nuevas, el paisaje me recuerda el de Avenida Francia, acá en Punta del Este,sin sus baches claro.
10 minutos más y entramos a un complejo habitacional, guardia de seguridad al frente, parque y dos piscinas enormes, rodeadas de bloques de apartamentos.
La construcción vista desde afuera, parecían cabañas de madera, rusticas, adentro el tipico piso americano, living comedor, kitchenette y dos dormitorios, uno en suite.
Más allá del living una gran terraza, a sus costados 2 puertas.
Milton nos muestra el dormitorio que nos tenía preparado y mientras Sylvia comienza a abrir las valijas me invita a salir a la terraza, mirá Alfredo, te voy a mostrar algo antes que lo descubras por vós mismo, me dice, mientras abre lentamente una de las puertas. Una luz potente me hizo poner en chino mis ojos, el closet, que al final de cuentas era a donde conducía esa puerta, estaba forrado de papel aluminio en sus cuatro costados. En medio una gran planta verde se erigía en todo su esplendor. No eran geranios. Menos de seis horas en la tierra del norte.
Bienvenidos a América.

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